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En alerta frente a los ataques de pánico

By enero 26, 2018 No Comments

 

Un 30 por ciento de la población ha tenido al menos un ataque de pánico en su vida. Un alto rasgo de ansiedad y la complicación de determinadas situaciones vitales están detrás de estos trastornos.

Según un informe reciente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), tres de cada diez personas en el planeta sufren en la actualidad de Trastornos de Ansiedad, lo que representa una cifra alarmante y sin precedentes. En la Argentina, más de 6 millones de personas ya padecen algún tipo de síntoma, y alrededor de un millón sufre concretamente el Trastorno de Pánico. Lo más grave es que las cifras van en aumento. Es por eso que se habla de una pandemia característica de este tiempo, signado por la velocidad y la hiperexigencia.

La OMS define como las “plagas del siglo XXI”, a las patologías asociadas a la ansiedad. En ese marco, los Ataques de Pánico son uno de los trastornos más frecuentes en el mundo entero: aparecen de improviso y producen una sensación muy parecida a la muerte -quienes lo padecen sufren los mismos síntomas de un paro cardíaco-. Afectan tanto a hombres como a mujeres y condicionan cada vez más la vida de miles de jóvenes.

Los ataques de pánico: ¿qué son, porqué y hasta cuándo?

Pilar, abogada 35 años; Mario, economista 42 años; Nerea estudiante 24 años, … Muchas personas han sentido alguna vez la sensación de que les iba a dar un infarto, iban a morirse, volverse locas o perder el control. Si tienes un ataque de pánico pueden aparecer sensaciones físicas muy intensas (falta de aire, opresión en el pecho, mareo, etc.) y sentir que has perdido el control de tu vida, que llega el final, sin saber, ni comprender lo que te está pasando.

Un 30 por ciento de la población ha tenido al menos un ataque de pánico en su vida

Con la sola aparición de un ataque de pánico es suficiente para que aparezca un miedo intenso a volver a tenerlo. Va más allá de la razón, por mucho que te digan que no te va a suceder nada, que este problema lo tienen muchas personas, que es un mal de nuestro tiempo fruto del estrés vital, no podemos dejar de estar aterrados. Es muy incapacitante y puede terminar afectando negativamente a todas las áreas de tu vida: el trabajo, la familia, los amigos, la pareja, y el ocio.

¿Por qué sucede esto?

Normalmente sucede en personas que son nerviosas o, como decimos los psicólogos, que tienen alto rasgo de ansiedad, a las que se le unen algunas situaciones complicadas en su vida (problemas con la familia o su pareja, la muerte de un ser querido, estrés laboral, problemas económicos, estar un poco “sin rumbo” en su vida, etc.). También algunas condiciones físicas (no haber dormido o el agotamiento físico prolongado), o el consumo de algunas sustancias (cafeína, tabaco, drogas, etc.) pueden favorecerlo.

En ocasiones también se da ante eventos positivos. A Pilar, le sucedió tras decidir que iba a casarse. Ella realmente estaba muy contenta e ilusionada, pero también estaba activada e inquieta por toda la preparación, y aunque fuese por algo positivo, se desencadenó su primer ataque de pánico.

¿Cómo pasamos de un ataque de pánico a un trastorno de pánico? ¿cómo desarrollamos agorafobia?

El miedo a que nos vuelva a suceder hace que estemos en modo alerta, pendientes de nuestro cuerpo, de signos o sensaciones físicas parecidas a las que tuvimos con el ataque de pánico, que nos preocupemos por lo que podría suceder en tal caso; sentimos que estamos en peligro constante, la ansiedad se ha apoderado de nosotros, tenemos más crisis o ataques de pánico inesperados… el miedo se ha instalado en nuestra vida y nos afecta cada vez más, se ha convertido en un trastorno de pánico.

Cuando además empezamos a temer y/o evitar las situaciones o lugares dónde nos pasó (estando solos en casa, en el metro, en la calle, etc.) este miedo puede ir generalizándose a otro tipo de situaciones parecidas, y llegar a tener agorafobia (miedo a que te de un ataque de pánico o ansiedad y no tener ayuda).

Si el ataque de pánico nos dio conduciendo, intentaremos coger el autobús, o que sean otros quienes nos lleven (evitaciones), pues ya no nos sentimos seguros, tememos que aparezca de nuevo.

El miedo a la ansiedad (o lo que muchos llaman “el miedo al miedo”) y las conductas de evitación hacen que el problema se mantenga a largo plazo.

Si has tenido un ataque de pánico y sientes miedo a que te vuelva a dar, acude a un psicólogo para prevenir que pase de un simple susto, a un problema que puede afectar tu vida y dañar el bienestar.

Es importante saber que sin una adecuada información de lo que está sucediendo o sin el tratamiento psicológico especializado basado en la evidencia científica, el trastorno de pánico suele cronificarse.

¿Por qué no se nos quita fácilmente?

Nuestro cerebro, para protegernos, fija un “huella” de las situaciones que hemos interpretado como peligrosas en nuestra vida. Esta “huella” o miedo intenso que nos lleva a protegernos de los peligros, necesita su tiempo para irse borrando, y tenemos que aprender a aceptar y convivir con este miedo durante una temporada hasta que se borre la huella.

Las evitaciones (dejar de conducir, no querer estar solo/as, dejar de ir al cine, etc.) y las “conductas de seguridad”(conducir solo por algunas carreteras, ir al cine pero sentarse cerca de la puerta, etc.) que son comportamientos encaminados a protegernos de los supuestos peligros, son contraproducentes como lo sería rascarse una herida; si se hace, no cicatriza.

¿Por qué en ocasiones aunque hayamos estado en tratamiento psicológico continuamos teniendo tanto miedo? ¿Por qué sentimos que con nosotros no funciona el tratamiento?

Ciertas veces, los pacientes no tienen “adherencia a los tratamientos”, es decir, no tienen un papel suficientemente activo en el aprendizaje de las técnicas que se enseñan, y en el seguimiento de las pautas marcadas por los psicólogos, o muchos no son capaces de tolerar ese miedo inicial por el que hay que pasar. Ante esto acaban pensando que no tienen solución y se rinden.

¿Qué tipo de tratamientos son los más efectivos?

Existen muchas orientaciones psicológicas y con ellas tratamientos psicológicos distintos (psicoanálisis, terapia humanista, terapia gestáltica, etc.). Los tratamientos cognitivo-conductuales son los más eficaces para este tipo de problemas puesto que son validados científicamente, e introducen las técnicas y el método adecuado para afrontar eficazmente estos problemas.

 

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