El estrés es quizás considerado uno de los principales factores psicológicos que afectan hoy en día a la mayoría de las personas.

La reacción de estrés no es en sí misma patológica; muy por el contrario, se trata de un mecanismo natural mediante el cual el cuerpo dispone de recursos excepcionales para hacer frente a demandas más exigentes que las habituales.

La reacción de estrés no es en sí misma patológica; muy por el contrario, se trata de un mecanismo natural mediante el cual el cuerpo dispone de recursos excepcionales para hacer frente a demandas más exigentes que las habituales.

La respuesta de estrés prepara al organismo para luchar o huir. Las glándulas suprarrenales liberan adrenalina y cortisol al torrente sanguíneo, originando un complejo proceso de modificaciones corporales. Entre otras cosas, el aumento del ritmo cardíaco, la constricción de ciertos vasos sanguíneos y la dilatación de otros movilizan más oxígeno y glucosa hacia los músculos esqueléticos y el cerebro, disminuyendo la irrigación de los tejidos no esenciales para el ejercicio físico. Paralelamente, se potencian los procesos de cognición, disminuye la percepción del dolor y se detienen las actividades fisiológicas que no implican un beneficio inmediato, tales como el crecimiento o la digestión.

Luego, superado el trance, el organismo reestablece sus niveles basales, sin mayores consecuencias para la salud. Esto es lo que se conoce como el estrés adaptativo.

Ahora bien, cuando el estrés se prolonga por largos periodos, sí representa una amenaza seria para la salud y el bienestar de la persona.

La terapia cognitivo conductual es el enfoque terapéutico más congruente para el manejo del estrés.

 

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