Tratamientos

ESTRÉS

By febrero 1, 2017 No Comments

La reacción de estrés no es en sí misma patológica; muy por el contrario, se trata de un mecanismo natural mediante el cual, el cuerpo dispone de recursos excepcionales para hacer frente a demandas más exigentes que las habituales. Esta reacción del organismo, tiene como finalidad mantener su equilibrio, adaptándose a las tensiones e influencias en el medio en que se desenvuelve.

El estrés desencadena una cascada de reacciones nerviosas y hormonales destinadas a activar el mecanismo de supervivencia que representa la respuesta “lucha-huida”.  Las glándulas suprarrenales liberan adrenalina y cortisol al torrente sanguíneo, aumentan el ritmo cardíaco y respiratorio, así como la tensión arterial. La sangre, que transporta al oxígeno y la glucosa, se desvía desde los órganos no indispensables para el ejercicio físico, dirigiéndose velozmente hacia los órganos cruciales para ello como el corazón, músculos esqueléticos y cerebro.

Simultáneamente, se potencian los procesos de cognición y disminuye la percepción del dolor. Se aplazan las actividades fisiológicas que no implican un beneficio inmediato, tales como el crecimiento, la digestión y la reproducción. Esto es lo que se conoce como estrés adaptativo, pues superado el trance, sin mayores consecuencias, el organismo restablece sus niveles habituales.

Ahora bien, cuando la respuesta de estrés provoca una activación fisiológica de forma muy frecuente, duradera o intensa, puede ocurrir que los órganos afectados se desgasten sin que les de tiempo a recuperarse de él, y como consecuencia, se produzca el agotamiento de recursos y la aparición de algún trastorno psicofisiológico. Comúnmente, se ven afectados el sistema digestivo, el sistema cardiovascular y el sistema inmunológico.

Los riesgos del estrés crónico son: bajas de defensas, presión arterial alta, diabetes, insuficiencia cardíaca, acné, eccemas, depresión, ansiedad o problemas derivados de la tensión constante como las contracturas musculares o el bruxismo, que se produce al apretar la mandíbula mientras dormimos.

Desde el aspecto cognitivo, el estrés es resultado de una relación particular entre el individuo y su entorno, que es evaluado por éste como amenazante o desbordante para sus recursos de afrontamiento, y que pone en peligro su bienestar. De este modo, la perspectiva cognitiva acentúa la valoración subjetiva que la persona hace de su contexto, abriendo visibilidad sobre las variables personales que establecen diferencias respecto de lo que es estresante para cada sujeto.

La Terapia Cognitivo Conductual ha diseñado programas específicos para su prevención y tratamiento.

 

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